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Su nombre era Nigel y lo conocían como el ave más solitaria del mundo, era un alcatraz y vivía en la isla de Mana, un lugar solitario frente a la costa de Nueva Zelanda.

La historia de Nigel fue trágica desde el inicio y es que llegó a la isla en el 2013 como resultado de un experimento cuando un grupo de animalistas colocó estatuas de cemento que imitaban a alcatraces verdaderos, así que junto con sonidos de aves reproducidos desde una grabadora, pretendían que pájaros reales de esta especie llegaran a poblar el lugar, sin embargo; Nigel fue el único que llegó y no sólo eso, nunca se fue.

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Departamento de Conservación de Nueva Zelanda

El pájaro se quedó a cortejar a una de las estatuas, incluso construyó un nido para ella, sin embargo; por obvias razones nunca fue correspondido. El tiempo pasó y se ganó admiradores en todas partes del mundo, aunque su historia no dejaba de ser triste, porque aunque siempre cortejaba a la estatua, esta jamás le correspondió y él, claro, nunca se dio cuenta de que no era un ave real.

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Al final, Nigel fue hallado muerto junto a la estatua que lo acompañó todos estos años, ahora, la isla quedará sola de nuevo y es que después de tanto tiempo, no se tienen esperanzas de que otros pájaros alcatraces lleguen a convertirla en su hogar.

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