Cuando se trata de ver a alguno de tus artistas favoritos o una de  tus bandas predilectas, en muchas ocasiones hay que vivir una serie de travesías para poder lograrlo, como la serie de sucesos en torno a la visita de la banda inglesa Depeche Mode a la Ciudad de México.  

14 de marzo de 2017, 11 de la mañana: comienza la preventa para el concierto del 13 de marzo del 2018. Como era de esperarse, se acaban en muy poco tiempo; quien consiguió, bien, y quien no, ni modo. La sede es el Foro Sol, en la Ciudad de México y si quieres ver a Depeche Mode y no vives en la capital, tienes que planear todo para poder llegar.

Dentro del Foro Sol, los automóviles y autobuses se quedan dentro de la pista del Autódromo Hermanos Rodríguez que funge como estacionamiento y sí, termina siendo un relajo. Para llegar a la entrada es un largo trayecto de caminata que rebasa el kilómetro, pero si lo que quieres  es evitar la fatiga puedes pagar 40 pesitos mexicanos y un bici-taxi te llevará hasta la entrada del evento, por supuesto que yo preferí chutarme los 30 minutos de caminata.

Manuel Herrera

En el trayecto que te lleva al acceso del foro también te encuentras a un buen grupo de policías montados a caballo, ya sabes, para entrarle al quite por aquello del “slam” y si quieres ir al baño a mitad del concierto porque de plano ya no aguantas tienes dos opciones:

1. Entrar a los ASQUEROSOS baños pantanosos (esos en donde se ve a los “cocodrilos” flotando) y hacer una larga fila.

2. O la vía más fácil, encontrar un lugar escondido y con pasto para poder hacer pipí (que por supuesto, desafortunadamente no aplica en caso de ser mujer).

Manuel Herrera

Después están los souvenirs, un sinfín de gente ofreciéndote gorras, playeras, tazas, llaveros, pulseras, pósters y más productos. Te sientes tentado a comprar y comprar y el dinero se te va acabando, aunque en lo personal te recomiendo pensar muy bien las compras, porque si te dejas llevar puedes terminar lo que le sigue de arrepentido. Más adelante, te encuentras con las personas que te revisan y tienes que pasar por un chequeo en donde te dan una que otra manoseada y si llevas alguna bolsa o mochila pequeña, tienes que sacar todas tus cosas para verificar que no lleves un arma o peor, algo de comer. 

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Manuel Herrera

El cielo está nublado y el concierto es al aire libre, algunas gotas de agua caen y la amenaza de lluvia me tenía un poco preocupado, pero gracias al cielo no llovió y pude estar tranquilo, al menos en ese aspecto. Apenas eran las 7 de la noche y el concierto comenzó a las 8:30, ¿qué hacer en todo ese tiempo? No queda nada más que recorrer el recinto. En la travesía, que pensé que sería aburrida pero terminé sorprendido, me encontré de todo, desde personas tranquilas hasta familias completas cuyos integrantes son el típico niño de 4 años, el adolescente de 17, la mamá, el papá y hasta el abuelo, incluso hay personas de otros países que vienen a ver sus ídolos aquí, en México.

Manuel Herrera
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Manuel Herrera

Por fin llegué a mi asiento, estaba listo para el concierto, pero oh sorpresa, dieron las 8:30 y no escuchaba ni un grillo, ¿qué demonios estaba pasando? Afortunadamente, 8:45 se escuchó el alarido de 65 mil personas al ver que las luces se apagaron. Se acercaba la “tragedia”.

Manuel Herrera

Comenzó el concierto, canciones y más canciones, algunas muy conocidas, otras que te llenan de sentimientos y una que otra que ni sabías de su existencia. Luego, para no perder la costumbre, los miembros de la banda fingieron irse pero no tardaron en regresar  para seguir tocando y después de 19 canciones, comenzó a sonar “Personal Jesus”, la rola que todos conocen. 

Voltee a mi al rededor  y no lo voy a negar, descubrí a muchos gozosos por escuchar la obra maestra de Depeche Mode, mientras otros de la nada empezaban a mostrar indicios de melancolía y nostalgia, ¿cómo no? Lo peor estaba a punto de suceder, pocos minutos después, ocurrió lo que temía: el concierto terminó.

Depeche Mode

Para muchos, ir al concierto de una de tus bandas favoritas puede ser algo insignificante e incluso que ni siquiera vale la pena, señores, déjenme decirles algo: todas estas aventuras son parte de un ritual, de un momento mágico que culmina al ver el espectáculo. aunque el momento triste es precisamente cuando llega el fin, pero bueno, sabemos todos que nada es eterno y si lo fuera entonces sería aburrido. Ir a un concierto es algo único, maravilloso y especial. Así que si todavía no te animas, te invito a que disfrutes de esa fantástica  experiencia, no importa si es Depeche Mode, Metallica, Panteón Rococo o vaya, Paquita la del barrio, lo que importa es que alguna vez en la vida puedas sentir la piel de gallina por escuchar en vivo las melodías que te hacen feliz.