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Jardín Botánico Universitario publica obra sobre plantas medicinales

Con el fin de poner al alcance de la población el conocimiento sobre plantas medicinales y sus aplicaciones en el tratamiento de algunos padecimientos, a través de la Dirección General de Publicaciones de la BUAP, el Jardín Botánico Universitario (JBU) publicó el libro Plantas medicinales de Puebla: una visión etnofarmacológica, obra que describe 301 especies de diferentes hábitats y culturas del estado. Esta obra, además, reúne el conocimiento de generaciones de curanderos y sabios de los pueblos originarios.

La fundadora del JBU y responsable de este trabajo, la doctora Maricela Rodríguez Acosta informó que el propósito de este volumen es difundir qué tipo de plantas existen, revisar su identidad taxonómica, saber de dónde provienen, conocer sus usos, familias botánicas, su fitoquímica, así como evaluar la relación entre las especies y la atribución medicinal reportada por los habitantes.

“Para el tratamiento de la bronquitis y amigdalitis, por ejemplo, se recomiendan todas las especies de pino que existen, mientras que las especies de gordolobo tienen un uso muy importante para el tratamiento de la tosferina”.

La obra está conformada por nueve capítulos. El primero abarca los antecedentes históricos y el papel de Puebla en la utilización de las plantas nativas para el alivio y la preservación de la salud de sus habitantes. En los otros se abordan la relación de las plantas medicinales con la farmacopea herbolaria de México, qué tanto se ha avanzado en la investigación en esta área a nivel nacional, cuáles son sus perspectivas de uso, estudio y aprovechamiento de las plantas, entre otros aspectos.

“A través de este libro es posible conocer qué sustancias contienen las principales familias herbolarias que se usan en el estado de Puebla, para ayudar al lector a estudiar y explicar cada planta, mediante la identificación de los principios activos responsables de la actividad medicinal”, explicó la experta, quien es coordinadora del Consorcio Global para la Conservación de Encinos, para la región México y América Central.

Asimismo, la obra concentra y estudia el conocimiento de generaciones de curanderos y sabios de los pueblos de Puebla para su consulta, “para no olvidarnos también del uso de plantas como un elemento de una dieta sana y preventiva”.

Rodríguez Acosta  señaló que este trabajo será de interés no sólo para el público en general, sino también para los químicos, farmacólogos, botánicos, biólogos, entre otros especialistas, ya que les servirá como punto de partida para estudiar diferentes líneas relacionadas con las plantas medicinales, lo cual es un tema que debe ser abordado con más profundidad, debido al potencial en esta área en el país.

De esta manera se podrá reforzar, con fundamento científico, el uso de estas plantas para el cuidado de la salud a nivel primario, además de que permitirá conocer cuáles son las plantas que deberían ser estudiadas con mayor profundidad al representar material nuevo para investigación.

Este libro es el resultado de un trabajo multidisciplinario en el que participaron Alejandra Ortiz, química farmacobióloga y médica por la BUAP; Allen J. Coombes, botánico de renombre mundial, quien ha escrito más de 30 libros y 88 artículos científicos; y Guadalupe Hernández Linares, farmacéutica egresada de la BUAP y Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación 2014.

El libro Plantas medicinales de Puebla: una visión etnofarmacológica tiene un costo de 399 pesos y puede ser adquirido en la librería Profética, para mayor información escribir a jardin.botanico@correo.buap.mx o ingresar a  www.jardinbotanico.buap.mx

Por sexto año consecutivo, obtiene BUAP presea de oro en premios Reed Latino 2020

Los premios Reed Latino en su edición 2020, los más importantes de la industria de la comunicación política y de gobierno en español, reconocieron por sexto año consecutivo a la Dirección de Comunicación Institucional (DCI) de la BUAP con la presea de oro por la Mejor pieza gráfica en la vía pública en campaña gubernamental, con el proyecto “Una historia de evolución”.

El trabajo que realizó la DCI fue reconocido por su impacto visual y comunicativo, su efectividad, originalidad, producción y novedad, de acuerdo con criterios establecidos por jueces expertos en publicidad y marketing, lo que confirma a la Universidad como una institución que apuesta por la innovación en todos sus ámbitos.

“Una historia de evolución” representó una campaña que permitió dar cuenta de los logros obtenidos por la Máxima Casa de Estudios en Puebla, durante la gestión del Rector Alfonso Esparza, tanto en materia de infraestructura como en calidad académica, haciendo especial énfasis en la manera en cómo la adversidad que deriva de la pandemia permitió abrir nuevos caminos y oportunidades que han fortalecido el quehacer institucional.

Para esta edición Reed Latino 2020, la BUAP fue nominada en tres categorías con las campañas “Una historia de evolución” y por “Día de la Mujer”, compitiendo con más de 650 participantes de diferentes países de habla hispana. La premiación, que en esta ocasión sólo entregó primeros lugares, se llevó a cabo en una sencilla ceremonia, donde acudieron representantes del Rector Alfonso Esparza y del vicerrector de Extensión y Difusión de la Cultura, José Carlos Bernal Suárez.

Cabe recordar que en 2019 la Universidad también obtuvo reconocimientos por la Mejor campaña para medios impresos por “Somos BUAP” y por “Esto tiene que parar”, como Mejor pieza gráfica en vía pública. Mientras que en 2018 logró el galardón de oro por Mejor campaña para medios impresos y plata en Mejor pieza gráfica en vía pública, por la campaña del Plan de Desarrollo Institucional 2017-2021.

Desarrollan en la BUAP vacuna contra virus porcino

La enfermedad del ojo azul (EOA) es ocasionada por el Rubulavirus porcino y cada año genera pérdidas económicas en la industria porcina en México. Con el objetivo de contrarrestar este problema, Irma Herrera Camacho, investigadora del Centro de Química del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP), en colaboración con investigadores de otras instituciones, trabaja en el desarrollo de una vacuna a partir del estudio de proteínas como la hemaglutinina neuraminidasa (eHN).

El Rubulavirus porcino, enfermedad exclusiva en cerdos, provoca problemas neurológicos y respiratorios, pero sobre todo un alto porcentaje de mortalidad en neonatos, infertilidad en animales adultos y gastos de medicación. Una de sus características es una opacidad en la córnea de los porcinos, de ahí el nombre que recibe.

Actualmente existen tratamientos contra este virus; sin embargo, su eficacia está por debajo del 70 por ciento. El trabajo que realiza la doctora Herrera Camacho, junto con los investigadores Gerardo Santos López y Julio Reyes Leyva, del Centro de Investigaciones Biomédicas del IMSS de Metepec, busca crear una vacuna de nueva generación, más eficaz, con disponibilidad, mayor seguridad y menor costo, además de funcionar como herramienta de diagnóstico rápido en cerdos de granjas posiblemente infectadas.

“Tenemos tiempo trabajando con el virus llamado Rubulavirus porcino, un virus que fue detectado en Michoacán en 1980 y que ataca a la industria pecuaria, ubicada principalmente en la zona centro del país, en los estados de Michoacán, Guanajuato y Jalisco. Lo que hicimos fue estudiar cómo infectaba el virus a las células, además de identificar cuáles proteínas de este virus podríamos utilizar como antígenos para crear una vacuna”.

Las primeras etapas

La doctora Herrera Camacho mencionó que en la primera etapa estudiaron qué proteínas del virus contaban con propiedades antígenas; es decir, las que permitieran desarrollar anticuerpos y una respuesta inmunológica eficaz. Así eligieron la hemaglutinina neuraminidasa (HN), la cual se encuentra en la cápside del virus y además lo ayuda a diseminarse y conectar con otras células cuando ya se ha reproducido.

Tras comprobar las propiedades de un ectodominio de la HN (eHN), el equipo se dio a la tarea de expresar esta proteína en la levadura Pichia pastoris, un microorganismo unicelular, capaz de sintetizar proteínas glicosiladas. De esta forma, lo primero que hicieron fue clonar el gen de la eHN y amplificarlo con técnicas biotecnológicas.

 “Lo que hicimos fue estudiar la forma de expresar esa proteína en la levadura y que esta la expulsara al medio de cultivo, lo que es interesante porque el proceso de purificación después se vuelve más sencillo y esto representa la primera etapa para crear una posible vacuna”.

Cuando en el Laboratorio de Bioquímica y Biología Molecular, donde trabaja la doctora Herrera, se tuvo la proteína recombinante purificada, se comprobó que esta fuera reconocida por anticuerpos de cerdos infectados. Para esto el equipo de la investigadora obtuvo el apoyo del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), que proporcionó los sueros de los animales infectados.

Pruebas en animales, la segunda etapa

Los resultados en este punto del proyecto fueron favorables, lo que dio pie a que esta proteína (eHN) fuera inyectada en organismos vivos, en este caso ratones, a fin de observar si podía favorecer la respuesta inmunológica y dar origen a anticuerpos, algo que también se logró de forma exitosa y que demostró un avance en esta segunda etapa de la investigación.

Posteriormente, la doctora Irma Herrera observó en cultivos celulares de riñón de cerdo si estos anticuerpos obtenidos eran efectivos para contrarrestar la multiplicación del virus; es decir, si eran capaces de neutralizarlo. En esta etapa se verificó que efectivamente los anticuerpos inhibían la reproducción del Rubulavirus porcino.

El trabajo y los resultados dieron origen también a una solicitud de patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, con el número MX/a/2015/011852, además de publicaciones. En este proyecto han participado estudiantes de doctorado y maestría del posgrado en Ciencias Químicas, área Bioquímica y Biología Molecular de la BUAP.

El proyecto avanza con nueva proteína

La doctora Herrera Camacho informó que actualmente este proyecto, en colaboración con el INIFAP, logró un financiamiento por parte del fondo FONSEC-SAGARPA-CONACYT, lo que les permitirá iniciar con la etapa de vacunación en cerdos sanos. Así podrán analizar la producción antigénica frente al virus y ver el grado de protección en esta última etapa, la cual se realiza en el Centro Nacional de Investigación Disciplinaria en Salud Animal e Inocuidad del INIFAP.

También informó que ya estudian otra proteína y en un futuro este trabajo está planteado como una alternativa para inocular a los cerdos en dos experimentos: en el primero se le administrará la proteína eHN, y el segundo implica la inoculación de dos proteínas, lo que servirá para observar si se puede potenciar el efecto protector en los animales sanos y evitar que se enfermen.

El trabajo realizado por la doctora Herrera Camacho y su equipo ha servido para formar estudiantes, pero también para solucionar un problema en la industria porcina: frente a la vacuna existente, no tan eficaz, han desarrollado otra,  novedosa, más segura y biotecnológica.

Alumnas de Biología de la BUAP, en final del concurso “Por Amor a México, chavos 2020”

Proteger, aprovechar y restaurar la biodiversidad de México, así como impulsar la conservación, son algunos de los propósitos de la edición especial del concurso “Por Amor a México, chavos 2020”, en el que participan como finalistas alumnas de la Facultad de Ciencias Biológicas (FCB) de la BUAP, con un proyecto que busca frenar el tráfico ilegal de aves rapaces.

El concurso —en el que están inscritas Alejandra Patricia Arcos Flores, Rosa Isabel Cid García, Paulina Plata Camarena y Daniela Cruz Hernández, de noveno semestre de la Licenciatura en Biología— es organizado por la empresa Volkswagen de México y busca en esta edición especial apoyar a jóvenes que presenten una iniciativa para la conservación de la biodiversidad y el medio ambiente, con un incentivo económico que les permita poner en marcha sus ideas.

Al respecto, Daniela Cruz explicó que la propuesta consta de cuatro acciones estratégicas: la estandarización de la dieta de aves rapaces para una pronta rehabilitación y calidad para la reproducción en cautiverio; análisis de sus valores bioquímicos, hematológicos y espermáticos; manejo conductual de impronta y su aprovechamiento para lograr donaciones de semen o inseminaciones artificiales voluntarias; y, finalmente, campañas multimedia en redes sociales para difundir la biología de estas especies y los servicios ecosistémicos que proveen, así como el impacto que causa su tráfico ilegal.

Tras presentar su proyecto, las estudiantes se enfrentaron a casi un centenar de trabajos de jóvenes de distintas partes de la República Mexicana, librando tres filtros. En el primero se eligieron a 78 trabajos, posteriormente fueron seleccionados 63, y en una última etapa 41 propuestas, de donde salieron dos equipos finalistas, uno de ellos el de las alumnas de la BUAP.

Las estrategias que presentaron las estudiantes servirán también para que realicen sus tesis de licenciatura. El proyecto contó con la asesoría de los doctores Andrés Eduardo Estay Stange, responsable de la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) Konkon; Álvaro Oidor Méndez, del Hospital Veterinario de Pequeñas Especies de la BUAP; Dolores López Morales, del Laboratorio de Macromoléculas de la FCB; así como de Rosalina María de Lourdes Reyes Luna y el maestro Ubaldo Quiroz López, del grupo de investigación de Sistemas de Señalización y Biología de la Reproducción de la FCB.

En cuanto a la dinámica de “Por Amor a México, chavos 2020”, los organizadores anunciaron que será por medio de las redes sociales, principalmente Facebook y Twitter, donde se publiquen los videos en los que se explicarán los dos proyectos finalistas para que los usuarios decidan qué equipo es el ganador de este concurso. La votación permanecerá abierta del 2 al 22 de noviembre, por lo que invitan a la comunidad universitaria a apoyarlas a través de los links que se estarán promocionando.

Inaugura Rector Alfonso Esparza Muro Verde en la Facultad de Ciencias Biológicas de la BUAP

Como una respuesta ecológica y de estética arquitectónica, que busca fortalecer el equilibrio con la naturaleza en el campus de Ciudad Universitaria, el Rector Alfonso Esparza Ortiz inauguró el Muro Verde de la Facultad de Ciencias Biológicas de la BUAP, primera de una serie de entregas de infraestructura que están concluidas y esperan el retorno de las clases presenciales para ser utilizadas por la comunidad estudiantil y académica.

También entregó el sistema de luminarias para dicha Facultad que alberga el Muro Verde, así como para la Facultad de Ciencias Químicas, a petición de las y los estudiantes.

El nuevo Muro Verde de la Facultad de Ciencias Biológicas consta de dos áreas: una de 270 metros cuadrados con 12 mil plantas; otra de 220 metros cuadrados de extensión con 10 mil plantas de diversas especies; todo con un sistema de riego reciclable. Asimismo, el Rector entregó a la unidad académica luminarias para el parque, área de convivencia y escaleras de emergencia.

“La inauguración del Muro Verde es, sin duda, una respuesta estética que viene a darle una imagen diferente a todo el entorno en el cual estamos ahora presentes. Tiene que ver con el equilibrio y respeto por la naturaleza, como parte de la gran lección que nos ha dejado esta contingencia sanitaria de que debemos seguir apostándole más al medio ambiente”, expresó.

Esparza Ortiz agregó que con este muro -un sustento adicional para insectos polinizantes, como las abejas- y el remozamiento del área circundante, a su regreso la comunidad estudiantil podrá disfrutar de nuevos espacios de convivencia, así como de la renovada circulación de la ciclovía de CU, que ahora conecta a la Facultad de Ingeniería con el Complejo Deportivo Universitario.

“Con la entrega de obras que hoy comienza, se hacen notar los esfuerzos adicionales realizados en esta época de contingencia sanitaria, mismos que dan muestra de que la actividad docente, científica y de vinculación tiene que mantenerse para que la BUAP pueda continuar avanzando, sin descuidar la seguridad de su comunidad”, enfatizó.

Salvador Galicia Isasmendi, director de la Facultad de Ciencias Biológicas, mencionó que el Muro Verde es muestra del pensamiento vanguardista que siempre ha tenido la BUAP: “la idea del Rector Alfonso Esparza de instalarlo no sólo destaca la belleza del muro vivo, además atrae una serie de organismos benéficos para la ecología urbana. ¿Qué más puede pedir un alumno que venga a estudiar a una Universidad de calidad a nivel nacional y que pueda tener sitios de esparcimiento abiertos y verdes?

En la BUAP se desarrolla un biosensor para garantizar agua libre de patógenos en zonas marginadas

Tener agua segura y de calidad requiere de un análisis y la aplicación de varias técnicas para comprobar que esté libre de patógenos y productos químicos. Sin embargo, estos sistemas no están al alcance de la población de bajos recursos. Es por ello que el doctor Miguel Ángel Domínguez Jiménez, investigador del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP), desarrolla un biosensor para la detección molecular y diagnóstico en tiempo real de Escherichia coli, que pueda ser utilizado en entornos rurales, de difícil acceso o en marginación.

Actualmente diversos grupos de investigación han diseñado sistemas de biosensores usando espectroscopias avanzadas para detectar la presencia de alguna bacteria, pero su costo es elevado. Además, requieren de equipo sofisticado y personal calificado para llevar a cabo los experimentos e interpretar los resultados.

En cambio, el equipo portátil creado por el doctor Domínguez Jiménez, adscrito al Centro de Investigaciones en Dispositivos Semiconductores (CIDS) del ICUAP, considera un método de depósito de materiales simple y de bajo costo, además de ser operado con conocimientos básicos.

Su diseño se basa en la tecnología de Transistores de Película Delgada (TFTs) desarrollada en el Laboratorio de Electrónica Flexible del CIDS, en el Ecocampus Valsequillo. La parte biológica se realiza en colaboración con el doctor Abdu Orduña, del Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada, del Instituto Politécnico Nacional, en Tlaxcala.

El tamaño del dispositivo será similar al de un reloj inteligente y podrá detectar de manera confiable la presencia de E. coli en alimentos o agua para consumo humano, mediante el uso de tiras inteligentes. Su funcionamiento será sencillo, con el encendido de diodos LED se indicará si la muestra está libre de estos microorganismos. “En nuestro caso, el TFT se va a encender ante la presencia de estas bacterias”.

Por su relevancia y contribución, este proyecto se encuentra en solicitud de patente en cotitularidad con el Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada del IPN, tanto el proceso de funcionalización del material semiconductor con los anticuerpos para la detección de la bacteria, como del funcionamiento del biosensor basado en TFTs.

Mejorar la calidad de vida

Cada año mueren en el mundo cerca de 525 mil niños menores de 5 años por diarreas relacionadas con el consumo de alimentos que no han sido desinfectados y manejados con higiene. Lo anterior se debe a que las zonas marginadas no cuentan con el acceso suficiente para agua potable.

Para evaluar la calidad del agua se usan parámetros físico-químicos y biológicos, en este último caso de E. coli, usada como bioindicador de contaminación fecal humana o de otros animales de sangre caliente.

El proyecto ya se encuentra validado a nivel laboratorio y se iniciaron las pruebas simulando un ambiente real, tomando el parámetro mínimo más confiable en cuanto a la concentración de organismos unicelulares. “Se realizaron pruebas en laboratorio considerando diferentes concentraciones de bacterias en soluciones específicas. Ahora, estamos efectuando las pruebas en soluciones con otros microorganismos e incluso en alimentos preparados en casa”.

Miguel Ángel Domínguez Jiménez, doctor en Ciencias en Electrónica por el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, indica que este trabajo surgió del interés de aportar soluciones a la problemática antes citada, lo cual muestra la vocación social de los investigadores de la Máxima Casa de Estudios en Puebla.