Egresada de la Licenciatura en Biomedicina, de la Facultad de Medicina, la doctora Jazmine Arévalo se suma a los egresados BUAP que con orgullo reconocen los aportes y trascendencia que dejó en su formación una institución como la Máxima Casa de Estudios en Puebla y que ahora le permite no sólo hacer investigación de la fisiología humana, sino competir con pares de cualquier parte del mundo.

Con un interés por las enfermedades poco comunes que aquejan al riñón y que afectan sólo al 0.001 por ciento de la población, la doctora Jazmine Arévalo ha concentrado su interés científico en el desarrollo de tratamientos que brinden una esperanza a pacientes con estos padecimientos, a través del trabajo que desarrolla en Barcelona con un equipo de especialistas del Instituto de Investigación del Hospital Vall d’Hebron (VHIR), donde actualmente se desempeña.

“Creo que el programa académico de la carrera en Biomedicina que ofrece la Universidad nos permite adquirir una competitividad integral, no sólo se trata del conocimiento teórico, sino que también nos enseñan a desarrollar el pensamiento crítico y sobre todo a ser personas recursivas. Esto último vale mucho en el quehacer científico y es algo que enseña muy bien la planta docente de la BUAP”, señala la egresada de esta casa de estudio.

La doctora Arévalo nació en Puebla e inicialmente deseaba estudiar Biología, pues se interesaba en la rama marina, y con esa idea obtuvo una beca de excelencia de la UDLAP, pero poco antes de inscribirse revisó la oferta académica de la BUAP y encontró la carrera de Biomedicina, la cual descubrió que se adaptaba perfectamente a los intereses que tenía: la investigación aplicada.

“Al principio era un poco complicado porque los primeros dos años de la carrera llevamos una formación similar a la de los médicos, mucha anatomía y fisiología humana, mientras que la segunda parte del plan de estudios se enfocaba ya propiamente en la investigación, que es lo que los estudiantes buscábamos desde el inicio. Ese primer enfoque médico nos hacía sentir alejados de nuestro objetivo; sin embargo, con el tiempo logramos valorarlo. Por ejemplo, cuando llegué a la maestría y me comparé académicamente con mis compañeros, me di cuenta que las bases médicas que tenía de la carrera de Biomedicina en la BUAP eran muy valiosas y eso me daba una ventaja porque entendía mejor los procesos fisiológicos”.

En su experiencia, estudiar en la BUAP le dio a la doctora Arévalo bases sólidas para lograr un desempeño óptimo dentro de la ciencia y en especial en el estudio de la fisiología de uno de los órganos más complejos del ser humano, el riñón.

“Recuerdo mucho la clase de Fisiología cuando estaba en la carrera, la impartía el doctor Fabián Galindo, ahí me di cuenta que después del cerebro, el riñón era el órgano más complejo del cuerpo humano, de hecho, el doctor Galindo nos decía que era mejor enfermarse de cualquier otra cosa que del riñón”, refiere.

Al concluir su licenciatura en 2012, Jazmine Arévalo estudió la maestría en Ciencias Bioquímicas en la UNAM, donde trabajó en el laboratorio del doctor Gerardo Gamba. Ahí terminó por delimitar su interés por este órgano e inició en lo que actualmente se desarrolla, el estudio de la fisiopatología renal, es decir, el estudio de las enfermedades y procesos normales que suceden en el riñón.

Posteriormente cursó su doctorado en Bioquímica, Biología molecular y Biomedicina en la Universidad Autónoma de Barcelona, y actualmente trabaja como investigadora postdoctoral en Ninevah Therapeutics, una empresa asociada al Instituto de Investigación del Hospital Vall d’Hebron, en la cual se desarrollan terapias génicas para enfermedades renales hereditarias.

Enfermedades raras del riñón

Los riñones son un par de órganos ubicados en la parte posterior de la pared abdominal. Su función consiste en eliminar los deshechos de la sangre y el exceso de agua (en forma de orina), además de ayudar a mantener el equilibrio de sustancias químicas en el cuerpo. Los riñones también elaboran hormonas que ayudan a controlar la presión arterial y estimulan la médula ósea para que produzca glóbulos rojos.

En el mundo existen aproximadamente unos 850 millones de personas que sufren de una enfermedad renal. Entre los padecimientos poco comunes de este órgano se encuentra la enfermedad de Dent, la hipomagnesemia familiar y el síndrome nefrótico resistente a esteroides, entre otros, los cuales son estudiados en el laboratorio donde trabaja la doctora Jazmine Arévalo.

Las enfermedades raras se definen así cuando su prevalencia, es decir, el número de casos en una población, no supera un determinado límite. Estas enfermedades pueden ser de distintos tipos: congénitas, infecciosas, tumorales, genéticas y degenerativas. Las de tipo genético constituyen el 80 por ciento de la totalidad.

La egresada BUAP detalló que las enfermedades que estudia tienen una incidencia significativa en pacientes pediátricos, quienes usualmente presentan problemas de filtración en los riñones y por lo tanto una pérdida importante de proteínas a través de la orina, lo que conlleva a una serie de problemas metabólicos como deficiencias en el crecimiento.

“Estos pacientes tienen que estar constantemente tomando vitaminas y suplementos, y al no existir un tratamiento efectivo para ellos, a la larga terminan desarrollando una enfermedad renal terminal crónica que requiere de trasplante renal, y si este no funciona tendrán que vivir con diálisis toda su vida”.

En el VHIR, la doctora Arévalo trabaja en el diseño de terapias génicas para curar enfermedades hereditarias raras del riñón, las cuales, al estar representadas por un porcentaje bajo de pacientes, no reciben una inversión adecuada en investigación y desarrollo por parte de las industrias farmacéuticas que las ven como poco rentables. No obstante, estos enfermos existen y requieren de una atención médica y científica esmerada.

“Lo que hacemos en el laboratorio es enfocarnos en estas enfermedades raras de origen genético y tratar de llevar genes al riñón que suplan la función de aquellos que no funcionan, de esta manera intentamos curar, o al menos mejorar la calidad de vida de los pacientes”, explica la doctora Arévalo, quien reconoce que actualmente no existen terapias de este tipo  para el riñón, ya que su estructura es muy compleja, lo que impide llegar a determinadas zonas.

“Es un proyecto ambicioso, pero con mucho potencial, de conseguirlo podríamos aplicar esta tecnología a muchas otras enfermedades renales”, advierte.

Al respecto, la doctora Jazmine Arévalo cuenta con diversas publicaciones en revistas científicas relacionadas con la fisiopatología del riñón, en especial con cáncer renal, tema con el cual se tituló del doctorado, así como artículos de innovación metodológica en el campo.

Amante de la gastronomía y de los viajes, la doctora Arévalo reconoce y mantiene siempre presente sus años como estudiante de la BUAP y añade con una sonrisa franca que el conocimiento y las experiencias adquiridas en esta institución le han permitido llegar hasta donde se encuentra.