Foto: Facebook

La gente juzga y no parará de hacerlo nunca.

Cuando se trata de hablar de fe y religiones la situación siempre es una de las más complicadas y más cuando se trata del catolicismo; cada cabeza es un mundo, eso todos lo sabemos, sin embargo, al sacerdote Tomás González Castillo le ha quedado claro que cuando se trata de temas tabú, las cosas no han cambiado mucho que digamos.

Este padre lleva muchos años ofreciendo la palabra de Dios en la parroquia «Cristo crucificado» de Tenosique, Tabasco en México, quienes lo conocen saben que su dedicación es comparable con la de otros pocos y que una de sus prioridades es ayudar a los migrantes que pasan por aquél municipio que está a 70 kilómetros de su capital, Villahermosa, sin embargo, hace unos días todo esto quedó opacado cuando el fray decidió ofrecer una de sus misas con la bandera lésbico-gay colgando del estrado, como tal, la predicación no trató de este tema, sin embargo, lo que él buscaba era poner un ejemplo de cómo a los ojos de Dios todos somos iguales, no importando si tu comida favorita es el pollo o el pescado, si eres hombre o mujer, si tu color es el negro o el rosa e incluso si eres hetorosexual u homosexual, cosa que no resultó como esperaba.

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Las críticas

El hecho quedó inmortalizado en unas cuantas fotografías de las que el sacerdote eligió una para publicar en sus redes sociales en donde reafirmó su intención asegurando que la misa era la mesa compartida y nadie quedaba excluido de ella, lo que no pensó es que esto fuera a causar tanta polémica y es que muchos de sus seguidores lo tacharon de haber cometido un error, mientras que otros apoyaron la acción, sin embargo, los malos comentarios fueron tantos que un tiempo después Tomás González decidió disculparse por el mismo medio manteniendo el argumento de que la misa se había ofrecido en un tono reflexivo e invitó a sus seguidores a seguir de cerca su trabajo y el de la parroquia «Cristo Crucificado», sin embargo, las quejas por la fotografía no cesaron y por supuesto, los comentarios y posturas divididas tampoco.

Y sí, creo que en conclusión seguimos con la misma oración al principio de esta nota: «Cada cabeza es un mundo» aunque no estaría mal que todos practicaran la tolerancia.

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