Era el año 1994 cuando Wang Mingqing se descuidó un momento mientras vendía fruta y su acompañante, su hija de 3 años, desapareció, ocurrió lo que más temía y a pesar de la intensa búsqueda en compañía de su esposa, la niña nunca apareció.

La tristeza se apoderaba de la familia y entonces a Wang se le ocurrió volverse taxista para encontrar a su hija, pasaron 24 años y nunca se dio por vencido. El hombre pegó en su auto un cartel con la foto de la niña y de su hermana, esperando que pudieran tener algún parecido físico y la gente la reconociera si la veía en la calle. Poco más de 17 mil personas se subieron para ser transportados por las calles de Chengdu, China a bordo del taxi de Wang y parecía que nada ocurría, hasta que un artista plástico escuchó su historia y decidió hacer un retrato de cómo se vería a sus 27 años Qifeng, después lo subió a sus redes sociales y tiempo después pasó la magia.

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Qifeng, que para entonces había sido adoptada por una pareja que la nombró Kang Ying y a la que le dijeron que fue encontrada en la calle, vio el anuncio y se sorprendió por el gran parecido que compartía con aquel retrato, así que decidió llamar a la policía de su pueblo a tan sólo 20 kilómetros de donde había sido raptada. 

Las autoridades lograron el contacto con aquél taxista que buscaba a su hija perdida y después de las pruebas de ADN se dieron cuenta de que sí, Kang en realidad era Qifeng y por fin había sido encontrada por su padre biológico, después de eso todo es historia, la chica se reunió con su familia, los conoció y ahora la relación entre ambos es muy buena, aunque decidió quedarse con sus padres adoptivos.

La familia Wang, esperando a Qifeng en el aeropuerto de Chengdu
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No cabe duda que este tipo de historias nos hacen volver a creer en la esperanza, ¡felicidades a esta familia!

Los Wang, con Qifeng, de blanco en el centro, en la primera foto familiar tras el reencuentro
Qifeng con su familia biológica( al centro de blanco) /Especial