Foto: 24horaschile

Éste es uno de esos casos que llenan el alma de coraje.

Esta historia comenzó en un convento de Santiago de Chile cuando una monja llamada Francisca, perteneciente a la orden de las hermanas clarisas capuchinas, denunció haber sido violada y quedar embarazada de un hombre que había ingresado al claustro a realizar reparaciones pero lejos de recibir apoyo fue expulsada sin tiempo siquiera de una investigación.

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Todo esto ocurrió en el 2012 cuando la madre superiora del convento autorizó a una cuadrilla de hombres entrar y quedarse a dormir para poder eficientar el trabajo de reparación por el que habían sido contratados, sin embargo, durante uno de esos días un sujeto identificado como Hernán Ríos Valdivia aprovechándose de que Francisca se sentía mal, la llevo a una habitación y la violó.

La monja se dio cuenta a los 3 meses que estaba embarazada, sin embargo en el convento no lo tomaron muy bien ya que la acusaron de haber sido la responsable.

Después de todo esto, el mal rato no paró porque la madre superiora comenzó a hostigarla para que dejara el hábito y firmara su renuncia “voluntaria”,  ella al principio se negó pero después de que el hostigamiento creció y llegaran a acusarla de robo (sin pruebas por supuesto) dejó el convento y siguió su lucha desde afuera.

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Con la ayuda de varias fundaciones, Francisca dio en adopción al bebé y consignó el hecho ante las autoridades, también demandó al arzobispado de Santiago y a su congregación. Aún así, no hubo respuesta de la iglesia ya que el Cardenal Ricardo Ezzati negó siquiera haberse enterado de lo que ocurrió hasta que les llegó la demanda.

Al final, el trabajador que abusó de la mujer fue capturado para ir a prisión aunque Francisca aún no está satisfecha y es que asegura que a pesar de todo, la iglesia no la ha tomado en cuenta, no ha dado seriedad a su caso y en lugar de ello, sigue siendo señalada y tachada como responsable y no comprendida como víctima.