Todos hemos sentido amor, pero nunca el mismo. La forma en cómo amamos está directamente relacionada a nuestras creencias y la experiencia que cargamos y no lo digo yo, lo dice la ciencia.

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Son Maggy y Andrew, hace poco más de cuatro años que comenzaron una relación y nunca habían rozado sus labios (¿Pero quién demonios espera tanto para besar a alguien y encima casarse con una persona que no sabes si es “él bueno”?) El acuerdo entre esta pareja fue nunca tocarse con pretensiones sexuales. Nada de besos, nada de caricias, nada de sexo, nada de nada. Amor puro y vintage (novios de “manita sudada” pues). Así buscaban confirmar que, con el paso del tiempo el amor existe,  y que puedes enamorarte de alguien por quién es y no por cómo te hace el amor.

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La pareja es fiel creyente de Dios y el destino; así que prefirieron ponerlo a él antes que a ellos y honrarlo. En palabras más simples: ellos creen que, esperar “el gran día” para demostrarse lo que sienten por ambos de forma carnal, es la prueba de fuego del nuevo paso en la relación. Hay quienes los critican, hay quienes los juzgan y hay quienes les dan la razón, lo cierto es que les ha funcionado.

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Más allá de querer impulsar a otras parejas a “seguir a Dios”, el punto que la joven pareja defiende es el de creer, sentir y amar de la forma más simple e incondicional (hasta inocente tal vez) no importa la forma en cómo decidan hacerlo, lo importante es que ambos estén de acuerdo y bueno. Viéndolo de esa forma, ¿quién no podría darles la razón? (No digas que no te lo advertimos, es el post más cursi que vas a leer hoy).

Aquí el video del esperado momento: