Antes de que Robin colapsara durante la grabación de «Una noche en el museo: El secreto de la tumba» y decidiera suicidarse, el actor la pasó terriblemente mal, de hecho, sufría de una enfermedad degenerativa y ni siquiera llegó a saberlo.

A decir de la biografía «Robin» de Dave Itzkoff, la estrella no podía recordar sus líneas y aseguraba que ya no sabía cómo ser gracioso, sentía que todo se le venía abajo, la causa era la demencia que sufría y que los últimos años lo llevó a lidiar con síntomas que lo alejaban de ser aquella persona que todos conocían.

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«Lloraba en mis brazos al final de cada día. Fue horrible. Horrible (…) Le dije a su gente: ‘No tengo la capacidad para lidiar con lo que le está sucediendo'», recordó la maquilladora Cheri Minns.

Robin tenía demencia con cuerpos de Lewy, un trastorno neurodegenerativo que afecta la memoria y las capacidades motoras, esta le producía alucinaciones, paranoia, insomnio y fallos en la memoria; lo malo es que el actor no conocía el tema y jamás supo el porqué de su comportamiento, sólo sabía que además, estaba enfermo de Parkinson. De hecho, su familia pudo saber este diagnóstico tres meses después de su suicidio, cuando les entregaron la autopsia, así que nadie tuvo tiempo de actuar porque jamás sospecharon lo que sucedía.

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