Bien dicen que nunca es tarde para cumplir tus sueños siempre que tengas la determinación necesaria para lograrlos; este hombre es un gran ejemplo.

Carlos Sera de 81 años de edad, dejó inconclusos sus estudios universitarios durante su juventud debido a los problemas que su familia y país natal enfrentaban, pero nunca perdió la ilusión de cumplir su meta, de hecho, 6 décadas después concluyó su carrera y en la universidad que tanto amaba.

Desde la casa de su hijo en Huston, sentado en un sillón, conectado a un tanque de oxígeno, vestido con una toga, una estola con adornos aterciopelados y un birrete, Carlos Manuel Sera observaba en compañía de su familia, la transmisión en vivo de la ceremonia de graduación de la Escuela de Negocios McDonough de la Universidad de Georgetown, cuando su nombre fue mencionado una radiante sonrisa iluminó su rostro, desvaneciendo todo signo de tristeza, la emoción del hombre fue tan grande que se puso de pie, de manera temblorosa, pero lo logró.

Sus hijos y nietos lo ovacionaron, él agitó sus hombros y rompió en llanto, por fin era oficialmente un graduado.

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En los años 40’s y 50’s Sera crecía en Washington DC, su vida era bastante cómoda y feliz, su padre era un exitoso diplomático de alto rango en la embajada de Cuba. Carlos era apenas un adolescente pero ya se movía en la élite diplomática al asistir a los cócteles y diferentes reuniones como representante de su padre, sin embargo; aunque se podría decir que su futuro estaba resuelto, él tenía un gran sueño profesional, asistir a la universidad de Georgetown.

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En 1955 Sera fue aceptado en la institución, de modo que su padre, quien también estudió ahí, escribió una carta de agradecimiento a la universidad:

“Sé perfectamente que los graduados de la Universidad de Georgetown son considerados con gran respeto y una especie de graciosa envidia en todas partes” – escribió el señor Sera.

El chico se matriculó en la universidad y le encantó. Jugó en el equipo de baloncesto y se unió al club hispanoamericano.

“Georgetown está incrustado en mí, es mío (…) Siempre me cautivó la atmósfera… Y ser cubano y estar en el cuerpo diplomático, eso me abrió muchas puertas con otros estudiantes extranjeros cuyos padres también eran diplomáticos” – comentó Sera desde su casa en Houston.

Especial/Universidad de Georgetown

Lamentablemente el sueño de Carlos se vio truncado el 1 de Enero de 1959, cuando los revolucionarios liderados por Fidel Castro derrocaron al gobierno cubano. Después de haber brindado sus servicios por 45 años, el padre de Carlos se quedó sin empleo, entonces sus ingresos y pensiones se cancelaron y sus activos en Cuba se congelaron.

Esos primeros meses fueron muy traumáticos (…) Pude ver cómo toda mi vida se marchitaba a medida que leía las declaraciones e informaciones que procedían de Cuba. Veía cómo todas mis expectativas de futuro se disolvían” – señala Carlos.

A Carlos le faltaban sólo 4 créditos finales para graduarse y obtener su título, sin embargo; ante la adversa situación, tuvo que abandonar sus estudios para apoyar económicamente a su familia y comenzó a laborar en  Sears y Roebuck, un empleo que ya le habían ofrecido desde antes.

A pesar de no haber concluido sus estudios, Carlos se convirtió en un reconocido hombre de negocios a nivel internacional y trabajó en América Latina, África y Medio Oriente, además se estableció en Huston con su esposa e hijos, pero algo en su vida faltaba, no estaba completamente feliz, en el fondo le entristecía no ser un graduado.

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En enero pasado, su nieta Vanessa Weitzman, de 18 años, visitó Georgetown y al regresar estaba muy emocionada. Le llevó a su abuelo una sudadera de la institución y le preguntó cuál fue su especialidad y por qué nunca había visto fotos de su graduación, fue entonces cuando Carlos tuvo que contarle la verdad, recordar aquellos momentos lo puso muy triste.

Mayte Sera Weitzman, la hija de Carlos y madre de Vanessa, tomó una decisión que borró la melancolía de su padre para siempre. Envió una carta a la universidad en la que explicó la situación y preguntó sobre lo que podía hacer su papá para completar la licenciatura.

Afortunadamente el mensaje cayó en buenas manos, de hecho le prestaron mucha atención al caso y se dieron cuenta que sólo le faltaba una clase para concluir la carrera, así que acordaron que la tomara a distancia a través de una beca que cubría todos los gastos.

Así que Carlos cursó la materia llamada “Imposición federal de la renta”, impartida por Thomas Cook, profesor de la Escuela de Negocios McDonough, y escribió un documento sobre el nuevo código tributario, un tema en el que es un experto, de hecho; sus conocimientos, dedicación y entusiasmo lo llevaron a aprobar la asignatura con la calificación más alta de su grupo. Por fin logró su gran sueño, concluir la universidad.

Carlos realmente deseaba ir a la ceremonia de graduación, pero su salud se lo impidió, así que no tuvo alternativa más que verla de forma remota y aunque su estado era delicado, se puso de pie cuando mencionaron su nombre.

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“Me puse de pie. Esta era la manera de hacerlo. Y le di las gracias al Big Boss (Dios) por todo. Sabes que debes estar agradecido por las cosas pequeñas, porque se suman a las cosas grandes a medida que pasa el tiempo” – aseguró Carlos.

El júbilo invadía no sólo a Carlos, sino a toda su familia, de hecho decidieron hacer algo muy especial para festejar, abrieron una botella de ron Bacardi que él había comprado en una visita a Cuba antes de la revolución.La etiqueta del envase ya estaba amarilla y descascarada aún así le quitaron el corcho y bebieron su contenido, cuando el recién graduado la probó dijo: “Está deliciosa”. 

Sin duda, esta es una historia de superación y nos demuestra que siempre puedes lograr tus sueños no importa cuánto tiempo haya pasado, en qué etapa de tu vida te encuentres ni los obstáculos.

Con información de “The Washington Post”