Buscaban ayudar y a cambio recibieron una muerte brutal.
¿Cuántas veces has oído sobre brutalidades como asesinatos y abusos? En estos días no debería pero se ha vuelto algo normal, sin embargo, esta historia verídica de los 50’s va más allá del asombro. Todo sucedió así: Era el año de 1955 cuando Jim Elliot, Nate Saint, Ed McCully, Peter Fleming y Roger Youderian, cinco misioneros evangélicos estadounidenses, decidieron embarcarse en la misión Auca, una operación que buscaba civilizar y evangelizar a los huaorani, una tribu que vivía aislada en Ecuador.
¿Quiénes eran los huaoranis?
Hasta ahí todo puede parecer normal, «muy de religiosos» dirían por ahí, sin embargo, esta misión era por mucho diferente a las demás que se habían realizado y es que esta tribu era conocida por ser en extremo violenta con quien ingresaba a su territorio e incluso con sus propios miembros, de ahí que fueran conocidos como «los salvajes» y los misioneros debieran tomar todas las precauciones posibles para acercarse a ellos.
Fue en el mes de septiembre del mismo año (el 55) cuando la aventura comenzó y desde entonces, los cinco amigos empezaron «tanteando el terreno» realizando sobrevuelos en una avioneta en el territorio de los huaoranis, primero querían que se acostumbraran a su presencia, a que pasaran regularmente por ahí, para que así descartaran la posibilidad de que fueran una amenaza, a la par idearon lanzar desde el aire regalos para que pudieran notar que todo era en son de paz, desde cazuelas hasta baratijas como collares, ropa y anillos, todo servía cuando se trataba de hacer que conocieran lo común para la gente «normal».
Parecía que las cosas iban bien, todo conforme al plan, después de un tiempo los regalos fueron un intercambio, los misioneros bajaban con una cuerda lo que les daban y a cambio, los «salvajes» amarraban otro presente para ellos, algo que se había convertido en todo un ritual.
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«Todo va bien»
Después, el 2 de enero del 56, el grupo de religiosos decidió asentarse en un lugar cercano a la tribu, querían dar el siguiente paso, sin embargo, esto les causaba nervios, aún así siguieron con el plan y construyeron un campamento en Palm Beach, una barra junto al río Curaray que estaba a pocas millas de donde se encontraban sus nuevos «amigos», ¿estaban armados? Sí, pero usar la violencia era su último recurso, así que habían acordado usar las pistolas sólo en caso de que los huaoranis los atacaran, entonces, tirarían disparos al aire para ahuyentarlos, nada más.
Los días pasaron, todo iba bien y luego de haber pasado un tiempo gritando frases en la lengua de la tribu, los estadounidenses recibieron su primera visita, se trataba de dos jóvenes que estaban enamorados y una mujer de unos 30 años que la hacía de «chaperona», todos se sentaron y a pesar de las limitantes lingüísticas pudieron crear empatía, el tiempo pasó y se hizo tarde, entonces, los jóvenes se marcharon sin dar muchas explicaciones pero la mujer adulta decidió quedarse a seguir la charla, para ese entonces, la otra parte de la tribu ya se había decidido a visitar a los extranjeros, así que en el camino de regreso, los jóvenes «salvajes» se encontraron a su gente que apenas iba hacia Palm Beach (en donde estaba el campamento) pero al mirarlos notaron la ausencia de su chaperona por lo que enfurecieron ya que a su parecer, dos chicos de su edad y enamorados no debían estar solos jamás.


Empieza el lío
Nankiwi (el joven) cayó en cuenta de ello y del error que habían cometido al partir solos desde el campamento, así que, recordando los antecedentes violentos y las costumbres de su tribu, decidió mentir para salvar su pellejo y dijo que los misioneros habían intentado atacarlos en la playa y tras la huída, su chaperona se había extraviado, fue entonces cuando el miembro más viejo y respetado del grupo decidió que no se podía confiar en los nuevos inquilinos así que había que asesinarlos, el objetivo de la visita había cambiado. A poco tiempo de llegar al campamento, la tribu encontró sana y salva a la mujer adulta que había estado hablando con los evangelistas toda la noche pero a pesar de que esta les aseguró que la versión de Nankiwi era falsa nadie le creyó.
Un día entero pasó y fue el 7 de enero del 56 cuando los huaorani llegaron al campamento, en donde los evangelistas se miraban amistosos y en espera de entablar conversación con más de ellos pero la sorpresa llegó cuando un grupo de mujeres fue puesto como carnada para hacerlos acercar al agua y entonces, los atacaron por la espalda con lanzas, los 5 murieron al instante y ninguno usó su arma para defenderse, más tarde, los «salvajes» destrozaron la tela de la avioneta, rompieron las pertenencias de los misioneros y lanzaron los cadáveres al agua en donde la corriente del río los dispersó.

¿En dónde están?
Unas 24 horas pasaron antes de que una de las esposas de los misioneros se preocupara porque este no la había llamado para contarle cómo le había ido durante el importante encuentro, así que la mujer intentó comunicarse por la radio pero no tuvo respuesta, entonces, se alertó al Comando del Caribe quien buscó a los evangelistas y halló la aeronave destrozada pero ningún cuerpo, avisaron a las familias y los grupos de búsqueda se organizaron para encontrar a los 5, sin embargo, los cadáveres fueron hallados poco a poco hasta que 1 semana después se había confirmado que no había sobrevivientes.
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El inesperado final
El hecho generó gran impacto en la comunidad evangelista y es una historia bastante famosa e importante dentro de la religión en Estados Unidos, tanto, que en el 2006 inspiró la producción de la película «End of the spear» pero eso no fue lo más impresionante, lo increíble sucedió años después de la tragedia cuando la viuda de Jim Elliot y la hermana de Nate Saint (Elizabeth y Rachel) regresaron a Ecuador como misioneras con el Summer Institute of Linguistics para vivir entre los huaorani y después de un tiempo, lograron convertir a la mayoría de ellos (incluso a los asesinos de sus familiares), disminuyeron muchísimo la violencia tribal y se convirtieron en una influencia crucial para la civilización de la tribu.
Pro su Parte, Rachel Saint siempre consideró la muerte de su hermano como un ejemplo de martirio, un sacrificio por parte de los huaorani que tenía una relación simbólica con la muerte de Cristo para la salvación de la humanidad.
Porque las historias increíbles no sólo son producto de la ficción.
