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No es una novela de terror, tampoco sucedió en algún lugar alejado de la civilización, de hecho, ocurrió en México.

Su nombre es Leticia, tiene 23 años y también es la asesina de su propio hijo, un pequeño de 8 meses que nunca tuvo la oportunidad de conocer qué se sentía ser amado, cuidado y feliz. El llanto de “Belcebú”, como lo llamaba su madre y su padrastro, ponía la piel de gallina a los vecinos y también a su padre biológico, quien en un intento por salvarlo y en medio de la desesperación por saberlo maltratado, denunció a Leticia a la Fiscalía General del Estado de México, misma que inició una investigación y consiguió una orden de cateo para entrar a la casa de la mujer y descubrir en qué condiciones estaba el niño.

Los intentos no dieron resultado, varias veces visitaron a Leticia pero nadie abrió, un par de semanas tuvieron que pasar para que la mujer quitara el seguro de la puerta y al ver la orden del juez se viera obligada a dejar pasar a la policía, ya era demasiado tarde. Su frío semblante y vestimenta negra no auguraban nada bueno.

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Leticia/ Twitter @c4jimenez

Los agentes comenzaron la búsqueda y lo que fueron hallando mientras recorrían cada metro de la propiedad resultó escalofriante, en la casa había una extensa colección de libros sobre Tarot y magia negra, un cráneo, veladoras, figuras del diablo, un pentagrama, la silueta de un bebé pintada de color negro en el suelo, un ave en su jaula y a un lado, escondido como si no se tratara de nada importante, estaba el cuerpo sin vida de Belcebú, quien nunca existió “oficialmente” porque jamás fue registrado, su madre lo había torturado, asesinado y mutilado, ¿la razón? Lo habían usado para un ritual satánico; lo ofrecieron como ofrenda.

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El futuro de Leticia es claro, a pesar de que ya se encuentra detenida, seguramente le espera toda una vida en la cárcel, mientras que a su pareja, el padrastro del bebé, le espera una corta libertad porque aunque se dio a la fuga, la policía ya está siguiéndole la pista.

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Por su parte, al papá de “Belcebú” no le queda mucho, lo único que podrá obtener como recuerdo de su hijo son los zapatos azules, la andadera y la ropa que quedaba del niño y que fue encontrada también en el lugar donde lo asesinaron.

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